La sede de la Falange en Alicante amanece llena de dibujos de Peppa Pig

Después de que en los últimos tiempos hayan aparecido pintadas falangistas en las sedes de diversos partidos políticos de la provincia, las oficinas de la Falange en Alicante, esa humilde peñita de españoles muy españoles y mucho españoles, ha amanecido hoy plagada de… ¡dibujos de Peppa Pig!

La casa en Alicante de los fans de José Antonio Primo de Rivera (ignoramos si lo es de Kiko o de Albert), sita en la calle Tucumán, ha sorprendido a propios y extraños con este aspecto tan infantil.




Decenas de siluetas de la famosa cerdita de dibujos animados decoran ahora la fachada de esta agrupación de patriotas, reconocibles por airear a menudo el sobaquillo con el brazo en alto y por lucir unas camisetas azul marino con un emblema de un yugo y unas flechas que, según ha podido saber Viscalacant, corresponde a alguna de las casas dinásticas de Juego de Tronos.

En apenas unas horas este lugar ha pasado de estar en una zona de apenas tránsito a ser una de las más visitadas de la ciudad, compitiendo en popularidad con la hoy ya popularmente conocida como “calle de las Setas“, antaño calle San Francisco.

No se descarta, por tanto, que la calle que lleva el nombre de Tucumán en recuerdo del torpedero argentino pase a conocerse a partir de ahora como la calle de Peppa Pig.

Aunque el portavoz de esta agrupación, un señor fuertote con gafas oscuras, pelo engominado y cara de pocos amigos, no ha querido hacer ninguna declaración sobre el nuevo look de la sede, algunos vecinos de la zona han aventurado que podría tratarse de una “venganza cómica” por parte de alguno de los partidos cuyas instalaciones fueron pintarrajeadas presuntamente por las huestes falangistas.




Los más sagaces han aventurado, incluso, que pueda tratarse de una acción perpetrada por algunos combatientes del Partido Popular, aduciendo que el nombre de Peppa Pig contiene las siglas de la formación liderada por Mariano Rajoy y que el animal de que se trata “no habría sido elegido al azar”.

Sea como fuere y en honor a la verdad, los residentes de la zona no tienen queja alguna sobre sus convecinos de la Falange en Alicante, más allá de que practican últimamente el couchsurfing (esa antihigiénica moda de dejar a personas desconocidas que vienen de fuera que duerman en tu sofá) y de vez en cuando “por aquí se ve a gente rara, no española“.

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